Un libro para un demonio

La idea de participar en el club de lectura de la biblioteca a Gigi le parece una verdadera tortura. Pero es peor de lo que se imaginaba. Damián, un niño demonio, conocido por su terrible comportamiento, también forma parte del club. Gigi y sus compañeros deberán ayudar al pequeño demonio a romper la maldición que lo obliga a permanecer en el club de lectura.

Valoración global 4,2 sobre 5
5517 lectores puntuaron este libro

Fantasía - intriga - terror

10.786 palabras

Escrito para Fiction Express

"¡¡El libro que más me ha gustado!!
Este ha sido uno de los libros que más me ha gustado de los que me he leído en el fiction express.
Sobre todo porque no te esperas para nada el final.
Este libro habla sobre una niña la cual castigan sin internet y la apuntan a un club de lectura, ella no tenia muchas ganas de ir pero le acaba gustado.
En ese club aparte de los otros integrantes, viene un demonio odiado por todos los niños/as del club menos la bibliotecaria que resulta ser…
Aparte de cosas inesperadas, también está lleno de fantasía y momentos emotivos (en mi opinión)
Para mí que si sacaran un libro me lo leería, me han gustado mucho estos capítulos y lo recomiendo."
Vegetariana, 25 mayo 2021
"ME ENCANTA
La verdad este libro me ha gustado mucho, porque iba de fantasía.
A este libro yo le doy un 4 sobre 5 porque era chulo pero me abría gustado más si hubiera más romanticismo entre Damian y Gigi, pero todo se puede mejorar.
La verdad, a mí nunca se me abría ocurrido hacer un libro tan original, ya que inventarse un libro en pocas semanas cuesta lo suyo.
Felicidades por hacer un libro tan original y divertido a la vez.
¡¡ADIOSSSS!!"
J., 27 de mayo 2021

Humberto parecía desolado. Se veía claramente que aquel no era el tipo de encuentro amable y distendido que había planeado, y ya se intuía que los problemas del grupo no habían hecho más que empezar. A los golpes del exterior se unieron alaridos y ruidos sordos que hacían aún más difícil concentrarse. Gigi estaba asustada, aunque se daba cuenta de que la señorita Lucrecia y los otros niños ignoraban a propósito aquel concierto de ruidos. Intentó hacer como ellos, pero llegó un momento en que su curiosidad pudo más y se inclinó hacia Luna para preguntarle:
—¿Qué pasa ahí fuera?
—Es mejor hacer como si nada —contestó Luna, sacudiendo la cabeza.
—Pero ¿no estáis preocupados? Esos ruidos…
—No hagas caso. Es Damián…
—¿Damián? —repitió Gigi. Y sus pelos se pusieron de punta.
Incluso ella, que vivía a más de treinta kilómetros e iba a un colegio aun más apartado, había oído las historias terribles que explicaban sobre aquel demonio de piel roja y ojos de fuego.
—No te preocupes, en serio. Aquí estamos a salvo —insistió Luna—. Él nunca entraría en una biblioteca.
—¡Silencio! —cortó la señorita Lucrecia. Y como si la orden que había dado pudiera traspasar las paredes, el estruendo del exterior se detuvo.
Gigi miró hacia la puerta de cristal y entrevió algunos detalles de lo que estaba sucediendo en el parking.  Allí había un hombre encorvado, peludo e inmenso, tan grande que, a través de las sombras, parecía el doble de alto que la bibliotecaria. Estaba sujetando por el pescuezo a un niño que se agitaba como una lagartija, y tanto el hombre como el niño parecían muy violentos. Azucena, que había regresado del recado, se acercó a ellos, sacó su móvil y les mostró algo. Aquello pareció apaciguar al hombre... Azucena le dijo algo. Rebuscó en su bolso, le ofreció un bolígrafo y un papel, y el hombre firmó sin soltar al niño. Emitió unos ruidos a modo de despedida y prácticamente le lanzó al chaval. Azucena cogió al pequeño demonio del brazo amablemente. Lo alejó de aquella especie de ogro (que era su padre) y lo guió hasta la entrada de la biblioteca.
Esta vez, cuando la puerta se abrió, los miembros del Club se echaron a temblar al ver al demonio de piel roja y ojos amarillos, vestido con unos harapos cubiertos de hollín. La señorita Lucrecia, era la que parecía estar más aterrorizada.